Por fin, Pinochet enterrado
Escrito el 13 de Diciembre de 2006, por Consuelo

Por Consuelo Alvarez de Toledo
Los dictadores, está claro, producen mucho morbo. Además del terror, del dolor, de la ignominia cuando están en el poder, una vez derrocados siguen produciendo estragos. Al menos en la opinión pública. La enfermedad y muerte de Pinochet ha ocupado más espacio informativo que otras muchas noticias de la actualidad de estos días mucho más influyentes en la vida de los chilenos y ya no digamos del resto del mundo. Pero el dictador se hizo omnipresente: sus gafas patéticas, sus gestos de caudillo trasnochado, sus gorduras enfermizas, sus corrupciones de vulgar ladrón de bienes públicos… Ahora sus cenizas vuelan por los cerros de un campo chileno. Ahora ya sólo queda Pinochet en la memoria. Para que nunca resucite.






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