Punto de inflexión en Venezuela
Escrito el 7 de Diciembre de 2006, por Consuelo
Las eleciones del domingo en Venezuela son trascendentales tanto en el marco local como en el regional. Después del 3 de diciembre ya nada será igual en el ámbito interno, pues estos comicios se convertirán en un punto de inflexión, tanto para el chavismo como para la oposición. El chavismo se enfrentará al reto de saber manejar la tensiones políticas y sociales que ya están en ciernes y que se harán presentes en el próximo sexenio y pueden minar la estabilidad del régimen. Para la oposición serán seis años en los que deberá demostrar su madurez y su capacidad para aprovechar su actual tirón electoral para construir una plataforma de futuro seria y confiable.
Además, estas elecciones tienen una importacia que va más allá de las fronteras venezolanas ya que marcarán el devenir del tablero regional por la clara influencia de Chávez en la Cuba de Fidel (o Raúl) Castro y la Bolivia de Evo Morales y la previsible influencia en lo referente a la débil Nicaragua de Daniel Ortega y el inestable Ecuador de Rafael Correa.
Si triunfara Manuel Rosales, algo bastante improbable tal y como se plantea la elección, el futuro gobierno no lo tendría nada fácil. La fuerza social del chavismo y su capacidad de veto mediante movilizaciones sociales sería potentísima. En realidad, podría convertir en ingobernable el país, algo parecido a lo que Evo Morales hizo durante las administraciones de Gonzalo Sánchez de Losada y de Carlos Mesa en Bolivia, cuando ambos gobernantes tuvieron que renunciar por las protestas sociales (los llamados “golpes de calle”).
El chavismo, como en su momento el peronismo, con el que guarda algunas semejanzas y grandes diferencias, no es un fenómeno pasajero y su presencia perdurará en la sociedad y en la política venezolanas por mucho tiempo. Sólo se podrá derrotar al chavismo en el futuro (pues este domingo se antoja improbable) cuando se consiga que ciertos sectores del chavismo rompan con el movimiento, algo que mientras subsista la actual coyuntura de polarización política y abundantes ingresos fiscales es imposible. Cuando los ingresos fiscales caígan y el país entre en recesión, el chavismo dejará de ser un bloque homogéneo en torno a un caudillo.
De todas formas, la oposición tiene un reto trascendental aunque no gane: articular con proyección de futuro el caudal de votos que reúna Rosales. Que ese caudal no se diluya en banderías y que se logre conformar un movimiento serio, estructurado y no personalista para el futuro, que busque el poder por medios institucionales y no recurriendo al golpe de Estado. La campaña de Rosales ha mostrado un movimiento opositor poco confiable y con claras tendencias al populismo y a la polarización, poco capaz de atraer a los sectores blandos del chavismo. La oposición al chavismo sólo está unida para desalojar a Chávez del poder. Si ganara las elecciones el enfrentamiento interno sería inevitable.
Lo más probable es que Hugo Chávez resulte vencedor. Sus próximos seis años puede que no sean, para su proyecto, tan brillantes como los anteriores. El pilar fundamental en el que se apoya su régimen, el petroleo, le ha servido para incrementar exponencialmente los gastos de la administración (el precio del barril se multiplicó por 7 entre 1999 y 2006). Pero los problemas no han dejado de aumentar y es de temer que seguirán haciéndolo. Y por ende perdiendo apoyos.
La inseguridad, por ejemplo, va deslegitimando lentamente, pero sin interrupción, al régimen. Las propias ineficiencias del sistema creado por Chávez le restan apoyos. Y por último, las tensiones clientelares van a acabar tensionando la estructura de poder: cada vez son más las exigencias y más los que desean tener parte del pastel (el presupuesto aumentó en un 50% desde 1998) y cada vez va a ser menor la capacidad del régimen para contentar a todos, seguir subsidiando y aplacar las reclamaciones, sin que todo ello provoque que se resienta la economía.
A medida que aumenten la tensiones el lenguaje de Chávez crecerá en beligerancia y el recurrente discurso antiimperialista aumentará también. El enemigo externo es un buen recurso pero no se puede utilizar eternamente. En política exterior cuenta con dos nuevos aliados (Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua) pero, por contra, Lula, libre de las ataduras electorales, podrá hacerse presente en el tablero latinoamericano donde buscará retomar el liderazgo perdido y la iniciativa que Chávez le ha arrebatado este año 2006.
Escrito por Rogelio Núñez






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